Gases no convencionales: cuidado, ¡peligro! III

Mar 14, 2011 | Ecología, Reportajes

LA EXPERIENCIA DE ESTADOS UNIDOS

El gas de pizarra se explota desde hace varios años en Estados Unidos, donde se contabilizan unos  500.000 pozos de explotación en 31 estados. En el año 2009, el gas no convencional ha representado la mitad de la producción de gas americana, y podría alcanzar unos 60 % en el año 2030, según las últimas proyecciones de la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
Otros especialistas hablan ahora de un siglo de reservas para Estados Unidos, es decir, más del doble de las previsiones establecidas hace unos diez años. BP, Shell, Exxon Mobil, Total invierten unos detrás de otros en estos yacimientos tan prometedores.

Pero la cuestión de su impacto ambiental crea más y  más debates a medida que se multiplican y difunden las historias de pozos contaminados, sobre todo en Pensilvania, Colorado, Ohio y Wyoming. La cuestión es compleja ya que las empresas no están obligadas a rendir cuentas ni a publicar el listado de los productos químicos utilizados para la fracturación por razones de protección del secreto industrial.

En marzo de 2009, la agencia americana de Protección del medio ambiente investigaba sobre el origen de la contaminación química de pozos en el pueblo de Pavilion, Wyoming, donde se explota el gas no convencional. Su informe, depositado en agosto del año 2010, mostraba que el agua de 11 de los 17 pozos de los residentes contenían entre otros elementos 2-butoxietanol (un compuesto altamente cancerígeno) así como arsénico, cobre y otros metales.

 

En febrero de 2009, un comité del congreso americano revelaba que dos gigantes de la industria habían utilizado en sus operaciones de fracturación benceno e hidrocarburo entre los años 2005 y 2007. En  Dish, pequeña ciudad de Texas, los habitantes se asustaban por el aire contaminado por la industria del gas; existen unas quince perforaciones dentro de los límites de la ciudad pero su territorio está ocupado por más o menos 12.000 pozos. Durante el año 2009, al estudiar el aire de esta misma ciudad se detectaron concentraciones importantes de benceno, componente altamente cancerígeno. Una asociación de estudio medio ambiental también ha notado la presencia de metilpiridina y dimetil piridina, compuestos neurotóxicos presentes a niveles superiores a los umbrales sanitarios en las zonas residenciales. Los agricultores han encontrado igualmente problemas con sus ganados (muertes inexplicables de sus animales).

La extracción de gas se acompaña de actividades sísmicas anormales en algunas regiones al norte de Texas. Matt Simmons, fundador de uno de los bancos de inversiones más importantes en el campo de energía y consejero de George W. Bush, consideraba que para explotar el gas de pizarra del yacimiento de Barnett en Texas, la industria  ha consumido 72 mil millones de galones de agua para fracturar 10.000 pozos sobre un periodo de tres años y medio. Un galón de agua equivale a 3.785 litros de agua aproximadamente.
La ciudad de Nueva York, por su parte, se ha apresurado a hacer un estudio del impacto de la extracción del gas no convencional para las reservas en agua que explota. Se ha valorado que se podrían realizar entre 3.000 y 6.000 pozos al final para explotar los yacimientos y que los riesgos acumulativos se volverían entonces significativos. El informe subraya que las operaciones de fracturación, además de utilizar cantidades astronómicas de agua, usan también toneladas de productos químicos y entre ellos unos “son tóxicos para el medio ambiente y para la salud humana” y amenazarían el suministro en agua potable de Nueva York.

 

Un artículo publicado en la revista Scientific American subraya también contaminaciones radioactivas. Estas informaciones surgen a partir de datos del Departamento de Conservación Medioambiental (DEC) de Nueva York que ha realizado análisis de 13 muestras de aguas usadas de pozos a unas centenas de pies de profundidad. Se ha encontrado en las aguas usadas radio 226, un derivado del uranio, a unas concentraciones que sobrepasan 267 veces el límite permitido para los vertidos en la naturaleza y miles de veces el límite permitido en el agua potable. La ciudad de Nueva York ha votado en el último mes de Agosto una moratoria temporal sobre toda explotación que combine perforación horizontal y fracturación hidráulica en el estanque 4000 km2 que aprovisiona su acueducto municipal.

El consejo de la municipalidad de Pittsburgh ha tomado hace poco la misma decisión para evitar la contaminación del agua, del aire y de los suelos del territorio. Una serie de encuestas llevadas a cabo por el medio de comunicación ProPublica valoran que la fracturación hidráulica es el denominador común de más de mil casos de contaminación del agua en 7 estados de USA.

El 18 de marzo del año 2010, la Agencia Gubernamental de Protección del Medio Ambiente (EPA) ha empezado una investigación exhaustiva que durará unos dos años aproximadamente movilizando sus sedes regionales en Colorado, Texas, Nueva York y Pensilvania. Con este estudio que se valora en unos dos millones de dólares, la Agencia rechaza sus primeras conclusiones del año 2004 en las que decía que la fracturación hidráulica no presentaba riesgos para la calidad del agua potable. Este informe había sido muy criticado en parte por que la Agencia no había realizado ningún estudio sobre el agua para llegar a estas conclusiones. Según ProPublica, la redacción había sido negociada entre la Agencia y la industria sostenida por el vice-presidente Dick Cheney. Este informe había sido usado por la administración Bush para eximir en 2005 a la fracturación hidráulica de caer bajo la ley sobre la seguridad del agua potable (Clean Water Act). 50 miembros de la cámara de Representantes han presentado hace poco un proyecto de ley (Frac Act) para volver a poner en causa esta exención.

El Consejo de Presidentes de Sociedades Científicas (Council of Scientific Societies Presidents) que agrupa 62 sociedades y que consta de 1,4 millones de científicos miembros ha enviado una carta abierta al gobierno americano el 4 de Mayo de 2010. En esta carta se pide particularmente un peritaje científico de la extracción de gas no convencional con valoración de su impacto en las zonas rurales, el suministro y calidad del agua y la emisión de gas a efecto invernadero en el conjunto de todo el ciclo.

Un documental revolucionario, denominado Gasland, realizado por Josh Fox se difundió en Estados Unidos el verano pasado para revelar al público los peligros de esta industria: agua del grifo que se enciende, habitantes enfermos, yacimientos de agua contaminados, animales que se mueren de manera inexplicable… un alto número de testimonios con el objetivo de alertar a la opinión pública.

Por otra parte, la multiplicación de las perforaciones y des las redes de pipas afectan a los paisajes. Las voces que se levantan a Estados Unidos, en Canadá, en Québec cada vez son más y más numerosas para pedir una moratoria: ¿será este el camino a seguir en Europa y en Francia?

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