Roland Lorilleux: “En Occidente nos equivocamos al separar la materia del espíritu” III

Jun 10, 2011 | Osteopatía, Reportajes

Cuando trata a un paciente de forma global y no es sólo la técnica mecánica, ¿también involucra una parte de sí mismo en el proceso?

Sí, pero la Osteopatía no es mesmerismo. Andrew Taylor Still ha trabajado con técnicas del mesmerismo y del magnetismo, es difícil de diferenciar a un cierto nivel sobre todo cuando trabajamos con técnicas sutiles en las que no hay una amplitud de movimientos. Radica aquí la dificultad: el saber exactamente dónde nos situamos. Por ejemplo, yo estoy a nivel del hígado, intento sentir qué pasa a este nivel, cuáles son las informaciones que vienen a mi mano en cuanto a densidad, calor, movimiento, atracción, la fascia… Me quedo ahí y paso a otro nivel que es casi magnetismo, es decir, que yo me transformo en agente de comunicación de la energía universal. Soy un conductor y me sitúo como transmisor de una energía ambiental, universal para pasar, atravesar como los fotones esta masa con una idea positiva. Son dos mundos totalmente diferentes.


Y hay que saber dónde nos situamos. Cuando la gente me dice: “Tú haces magnetismo”, yo les contesto que no: “Si yo estoy tocando tu cráneo, es porque busco algo con mis manos que está en relación con la Osteopatía”, es decir, la movilidad, la motilidad, la circulación de las informaciones que hay dentro… Por otro lado, es evidente que cuando tocamos algo hay una transmisión pero eso es otro tema. Si hay contacto, hay transmisión, física pura, se sabe. Con este efecto de transmisión es importante para el osteópata conocer su intención. Cuando pongo la mano en un cuerpo ¿cuál es mi intención? Es sentir el tejido que está debajo, en el tejido hay circulación dentro, una mecánica, hay elementos de sostén… quiero sentir eso. Punto. No estoy haciendo acupuntura con mis manos.

 

Hablemos un poquito ahora de su vida Roland y de su trayectoria profesional que ya supera los 20 años de ejercicio de la profesión. ¿Cómo nace esta idea? ¿Tenía vocación?

Ya hace 24 años. No, no tenía ninguna vocación. Yo no tengo formación intelectual, lo que es tengo un camino especial. Empecé en la escuela con 8 años.

¿Hasta entonces era autodidacta?

No, era perezoso [carcajadas]. Yo empecé a ir a la escuela con 8 años porque antes estaba siempre enfermo, acudía sólo dos o tres meses por año al colegio y nada más porque siempre enfermaba: tuberculosis, primoinfección… En la escuela no adelantaba mucho y lo que a mí me interesaba era utilizar mis manos como, por ejemplo, para dibujar. Mis padres me pusieron en una escuela para elevar un poquito mi nivel y allí había que presentar pruebas de acceso para entrar. Y yo buscaba algo como dibujar.
Mis padres tenían una imprenta, eran los dos artesanos y hacíamos libros en casa con las máquinas. Mi padre era el que hacía las fotos, el ensamblaje… lo hacía todo. En esa época había dibujos litográficos ya que no existían los ordenadores para hacer una letra y los profesionales dibujaban para hacer una tarjeta de visita, una invitación de boda u otros textos y a mí me atraía ver a esta gente trabajar con las manos.

La escuela que me aceptó fue la Snecma en Francia. Es una empresa muy importante de fabricación de motores de aviones de caza. Había realizado tres pruebas de acceso pero esta escuela fue la única que me aceptó. Aunque, una semana después de haber entrado, me llamaron de otro sitio: “Mira, Roland, estabas en lista de espera y ahora te aceptamos”. Pero yo ya había firmado con Snecma. La casualidad… He tardado en darme cuenta de la importancia de esto porque cuando entré ahí lo hacía en un mundo totalmente industrial. Yo tenía entonces 16 años y para ellos bien, porque preparaban a los jóvenes para obtener un CAP (Certificado de Aptitud Profesional). Al igual que ahora está la FP (Formación Profesional) yo tengo mi Certificado de Aptitud Profesional de Calderero. Soy calderero de profesión, mi primera profesión y es fantástica.

Esto es un camino de educación porque aprendes a imaginar, aprendes a ver las posibilidades de realización, a pensar en 3D, siempre en tres dimensiones. El calderero imagina una lámina o una placa y, a partir de algo, recrea cómo va a empezar a trabajarlo. En esa época trabajábamos sólo con las manos y los martillos, la utilización del calor, soldar, y la forja, pero trabajamos con volumen. ¿Qué forma debe tener esta lámina para después trabajándola llegar a otra forma? Hay una técnica de aprender a dibujar todo eso. Porque algo es simétrico pero puede ser asimétrico y tendría que imaginarlo en la placa. Es un camino iniciático por el que yo he pasado, aprender a ver en 3 dimensiones y a partir de lo que has imaginado ver como se puede hacer y ver poco a poco la realización, eso es fantástico. A veces ves que la forma pasa por una forma totalmente diferente de la forma definitiva. Por ejemplo, para hacer un vaso tiene que pasar primero por una placa en concreto, hacer un cono, luego reduces, luego abres de nuevo… y tú lo vas viendo, yo creo que eso es un camino.

¿En qué momento y de qué forma pasó del sector industrial al sector salud?

Acabé mi CAP con 17-18 años pero siempre dibujaba. En el mundo industrial no había la expresión artística, por eso el último año lo hice por obligación y pensaba: “No, aquí no puedo seguir”.

Además, había otra historia. Yo estoy en contacto con el mundo de fisioterapia desde que tenía 13-14 años porque el médico había dicho a mis padres que, además de mi fondo tuberculínico de primoinfección, yo tenía escoliosis, estaba como una judía verde, con la columna que empezaba a hacer ese. Y el médico decía: “Roland tiene escoliosis, hay que tratarle con fisioterapia, hay que trabajar, hacerle hacer gimnasia y musculación. Hay que ver a un fisioterapeuta”. Pero en esa época, eran los años 60, había pocos fisioterapeutas aunque, por casualidad, mis padres estaban trabajando para reeditar un libro de un fisioterapeuta francés llamado Paul Bertagnol, que había hecho un libro de gimnasia en niños. De esta manera yo empecé a ir con Paul, es algo que ha marcado mi vida, porque era una familia muy especial.

Paul Bertagnol fue uno de los fundadores de la fisioterapia junto a muchos otros en 1946. Él era masajista deportivo y cuando el estado francés dijo que había que crear una profesión para todos los que hacen gimnasia, masaje y similares se dispuso la creación de la masokinesioterapia. Paul fue uno de los que participó en toda esta elaboración de la profesión. Él era un personaje casi de mi altura que había nacido a finales del siglo XIX y fue él quien me trataba pero no tenía nada que ver con la fisioterapia que conocemos en la actualidad. Él trabajaba sólo el masaje, tenía una camilla de madera impresionante, con escalones y hacía masaje profundo y después manipulación. Paul manipulaba todo, la pelvis, las cervicales… Manipulaba, pero no conocía la Osteopatía. Y a mí me interesaba ese trabajo manual. Paul Bertagnol tenía una familia impresionante: el hijo mayor era fisioterapeuta, presidente de la zona de París en el colegio de fisioterapeutas y ex futbolista profesional del Red Star de París; la segunda, Monique, era la única que no era fisioterapeuta, era bailarina de la Ópera de París; el tercero, Alain, era capitán del equipo de Francia de voleibol, el equipo del Racing, fisioterapeuta y personaje importante; y el último hijo estaba en el equipo de Francia B de voleibol y era portero del equipo de fútbol universitario de París. Es fácil imaginar al niño que tiene 13-14 años que mira este mundo, ve esta familia y se siente atraído, porque trabajar con las manos me interesaba. Empecé a estar con esta familia de forma muy frecuente, pasaba todo el verano con ellos en el norte de Francia en Berck Plage. Mi abuela se fue a vivir allí y pasábamos todo el verano en la playa haciendo gimnasia, voleibol… Parte de mi vida paso ahí.

Por eso, cuando vi que el mundo industrial no me convencía les dije a mis padres: “Yo quiero ser fisioterapeuta, masokinesioterapeuta, quiero hacer masokinesioterapia como Paul”. Entonces yo tenía 17-18 años y ellos me dijeron que de acuerdo, si me parecía interesante, adelante, pero debía pasar las pruebas de acceso para entrar y responsabilizarme de ello, porque yo no tenía el bachillerato. Pasé las pruebas y así entré en fisioterapia, en realidad sin saber lo que era la fisioterapia.

Artículos relacionados

Espirulina II

La espirulina ASN es cultivada con aguas limpias y mineralizadas de nacimiento del Parque Natural de Sierra Espuña.

leer más

Espirulina I

“Somos lo que comemos”. En efecto, nuestro organismo se compone de unos 1000 billones de células y en cada minuto de nuestra existencia se crean un millón de células nuevas a partir de lo que hemos ingerido.

leer más

Para reforzar tus defensas… ¡propolízate!

El sistema inmunitario se puede ver alterado o debilitado por múltiples factores: alimentación tóxica o deficiente, contaminación, hábitos nocivos como fumar o el alcohol excesivo, sedentarismo, estrés, virus / bacterias… 

leer más