Roland Lorilleux: “En Occidente nos equivocamos al separar la materia del espíritu” II

Jun 10, 2011 | Osteopatía, Reportajes

¿Cómo concebía usted la fisioterapia en ese momento?

Seguía la idea que tenía en mente que era lo que veía de Paul: masaje, trabajo… Cuando algún paciente venía a la consulta de Paul con una fractura él le decía: “ve aquí al lado, esto no es para mí, él te hará recuperación, yo no hago eso”. Yo tenía sólo esta imagen, así que iba para hacer fisioterapia y descubrí que era otro mundo. La práctica de la salud la veía así, como un trabajo individual con el paciente y un trabajo con las manos, así que cuando acabé la fisioterapia empecé a seguir clases de terapia manual, de manipulación, de técnicas de masaje reflejos…

Es así, precisamente, como un día encontré a un profesor que me dijo: “Roland, tienes que hacer Osteopatía”, era el Sr. Culioli de Marsella, de la misma generación que Paul Bertagnol y que ya murió hace muchos años. Pero era un señor importante porque en Marsella daba clase de técnicas un día por semana, por la noche: técnicas de Mennell (es un quiropráctico americano), técnica de Kholrausch (técnica de masaje reflejo), técnica de Vogler, el alemán, y técnica de estimulación del periostio (la parte más superficial del hueso, desde donde se regenera el hueso), entre otras. El Sr. Culioli, alemán de Berlín, era un poco una copia de Paul Bertagnol: masajistas que defendieron la creación de la fisioterapia y que después continuaron buscando y aprendiendo, y transmitieron eso a los jóvenes. Fue el Sr. Culioli quien me dijo: “Roland, tu sabes manipular (claro, yo manipulaba desde los 15 años) pero tienes que aprender más. Por eso tienes que hacer Osteopatía”. — ¿De qué me hablaba? Con él fue la primera vez que escuché esa palabra. — “Y para hacer Osteopatía tienes que ir a Maidstone en Inglaterra”. Yo vivía en Béziers, al lado de Montpellier, fui a probar y así empecé. Éste es mi camino pero, cuando lo miras bien, te das cuenta de que hay un lazo: las manos, esta necesidad de tocar, de trabajar con ellas, de arreglar con las manos.

Ahora, además de director, también es profesor en la ECO (Escuela del Concepto Osteopático). ¿Considera que hay una carencia y es necesario formar nuevos profesionales?

Ser profesor es algo que no era mi camino, no había estudiado nada para serlo. Primero empecé siendo profesor porque yo era un profesional, tenía mi consulta y punto. Pero después de acabar Maidstone trabajé con una persona que había conocido allí llamada André Ratio que fue en dos ocasiones a Maidstone a hablarnos del cráneo. Como allí no teníamos esta formación, cuando acabamos sabíamos que teníamos un permiso de conducir pero había que estudiar y trabajar. Yo empecé a estudiar el tema del cráneo con André que estaba en París y él organizaba por primera vez un curso de craneal. Empecé con André y he pasado una parte de mi vida con él.

En el año 1980, yo acababa de montar mi consulta de Osteopatía en Montpellier así que tenía tiempo libre y estaba disponible porque, por el momento, tenía pocos pacientes. A mí me gustaba dibujar y lo hacía, en cambio André no sabía, por eso él me decía: “Ayúdame con la preparación de las clases, ¿tú podrías preparar un dibujo así del esfenoides?” Y yo lo dibujaba con libros de anatomía para las clases. Así continuó un tiempo porque no estaba bien organizado: “¿Tú podrías venir a mi clase? ¿Estructurarlo mejor?” Y yo le decía que sí, tenía tiempo así que lo hacía. Justamente fue en los años 1984-1985 cuando él volvió a estudiar medicina. André era un fisioterapeuta que había hecho Osteopatía pero volvió a hacer medicina para ayudar a su hijo que estaba en la carrera y le habían suspendido. Así que hicieron la carrera de medicina juntos pero para ello André me preguntó si yo podía ir dos días por semana a dar clase para sustituirlo. En París yo sí tenía consulta con mucha gente pero así lo hicimos y empecé a dar sus clases.

 


En París, precisamente, ¿fue dónde crearon una asociación?

Sí, en París montamos la Asociación del Concepto y la Escuela de Osteopatía porque André Ratio daba clase de cráneo en Maidstone y allí había proyectado parar su formación a los fisioterapeutas de habla francesa procedentes de cualquier país para dedicarse solo a la formación a tiempo completo. Una condición era la creación de una escuela para seguir, pero escuelas en Francia, en Bélgica… Se han ido creando escuelas de Maidstone: 1 en Bélgica, 2 en Francia, 1 en St. Étienne en Paris… Y yo participé en la creación de la escuela de Paris. Éramos tres personas y hemos montado esa escuela, pero yo no daba clase sino que hacía de ayudante porque era muy joven, así que ayudaba en la organización. André Ratio es cuatro años mayor que yo y él me pedía que diera sus clases para repartirnos el trabajo y es así, como año tras año, fui estructurando las clases para impartirlas. También teníamos un grupo de craneal específico en Toulouse y, como yo estaba cerca de Montpellier, estaba siempre en clase o acompañando a André para dar detalles.

André Ratio estaba muy ocupado con la carrera medicina que finalmente acabaron él y su hijo, quien ahora ejerce como director de la escuela de Paris. Como André, además, enseñaba en Maidstone y, por tiempo no llegaba a todo, me propuso sustituirle, así que entré como profesor en mi escuela y en la suya a enseñar craneal. A partir de aquí yo no he decidido “quiero enseñar” sino que empecé a hacer un pequeño texto de apuntes que tenía y empecé a dibujar mejor para hacer las cosas más atractivas.

¿Actualmente, en qué partes de España se encuentra la ECO (Escuela del Concepto Osteopático)?

Estamos en Barcelona, Madrid, Sevilla y Santiago. Hay muchas cosas previstas pero otras ciudades no. Estamos en cuatro pero no creo que hagamos más, hay otros caminos.

¿Qué aporta la ECO a los estudiantes en detrimento de otras escuelas?

En la escuela imparten clase entre 30 y 40 profesores y sólo somos unos 19 los que estamos en España. Yo he vivido la experiencia de enseñar en Inglaterra, la visión analítica, porque enseñaba el craneal y en la facultad de medicina de Bobigny también enseñaba craneal. Después enseñé la Osteopatía de cualquier tema en la escuela de París. Es que, de hecho, yo era como la rueda de recambio, cuando faltaban profesores me llamaban a mí. Toda esta trayectoria me ha permitido conocer mucha gente, incluso de los profesores extranjeros que enseñan aquí hay uno que fue mi profesor, Pierre Delaunois, y después somos cuatro de la misma promoción y otros que tuve como alumnos. Pero todos hemos vivido Maidstone, aunque hoy por hoy ya hay algunos que no son de allí, son osteópatas procedentes de la escuela de Francia que viven aquí en España.

Lo que busqué desde el principio era agrupar todas las oposiciones y, por eso, he reunido gente en la ECO que no se aceptaba porque todos tienen algo que decir. No hay dos perfiles iguales. Hay profesores que realmente no entienden lo que hacen los otros. Hay que pensar que somos la generación que va a desaparecer, nosotros somos los mamuts de la escuela, hemos recorrido un camino de fisioterapia y existe un espíritu de búsqueda constante para obtener un abordaje diferente y mejor. Todos entramos aquí para hacer técnicas y poco a poco eso ha ido cambiando. Esto lo explico, precisamente, el primer año de carrera: en nuestra vida llegamos a un punto en el que hay un camino que se monta poco a poco y que necesita tiempo para mirar atrás y darse cuenta del camino recorrido.

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